sábado, 23 de enero de 2016

Tareas geniales

Los niños aborrecen las tareas porque son tediosas, inaccesibles, extensas, aburridas, irrelevantes, fuente de exigencias y conflicto familiar, les ocupa el tiempo que los alumnos quisieran dedicar a  divertirse, y lo que es peor, no hay ninguna evidencia de que promueven el aprendizaje de cosas significativas para sus vidas. Pero, qué pasaría si los alumnos quisieran hacer tareas porque ven en  ellas retos que deseen lograr, porque estimula su autoaprendizaje, porque ayuda a profundizar aquello que les apasiona…  sería una linda oportunidad para que los alumnos experimenten lo que significa aprender en espacios diversos  no limitados al colegio, y estar especialmente motivados por su propio interés y pasión, para lo cual no hay necesidad de evaluaciones o notas que los intimiden o avergüencen. Que sientan la sensación similar a la del deportista que sueña con los  entrenamientos y partidos, o el músico que no ve el momento de tener más tiempo libre para practicar el instrumento de su preferencia, sea o no que tenga alguna presentación a la vista. Visto así, el problema no es “dejarle tareas” a los alumnos, sino encontrar las “tareas geniales” que se convierten en rutas para canalizar su motivación y retos para su autoaprendizaje.     
Por ejemplo, en clase el profesor puede proponerles como reto hacer un plan sobre cómo podrían usar 2h de su fin de semana para hacer algo que les interesa o apasiona. Al retornar a clases, cada uno va documentando como está cumpliendo su plan. Uno podría estar escribiendo una novela,  otro aprendiendo guitarra, otro haciendo diseño de ropa; uno podría estar experimentando cocinando comida o construyendo un robot, al lado de otros que podrían mejorar sus habilidades deportivas o artísticas.  Así, los alumnos aprenden a trazarse metas, monitorear sus avances y eventualmente documentar e informar sobre sus logros. Se convierte en un espejo de sus propios retos, los esfuerzos invertidos para alcanzarlos, las emociones que sintieron, el deseo de compartir lo que hacían con sus padres y amigos, etc. ¿Es eso una pérdida de tiempo o es que aprenden con eso más que con las odiosas tareas rutinarias? En suma, el reto de los profesores está en imaginar esas “tareas geniales” que despierten o canalicen la pasión de sus alumnos. 

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